martes, 6 de diciembre de 2011

Demasiada...

Los abrazos largos,
los suspiros profundos.
Alguna que otra lágrima
rodando discreta por la mejilla.
Mucha llamada de larga distancia,
y correos electrónicos esporádicos.
Se puede convivir a la distancia,
se puede compartir, aunque sea
la eventualidad de la  palabra.
Con castillos en el aire,
conclusiones fallidas,
mucha nostalgia,
demasiada…

jueves, 1 de diciembre de 2011

Dixi

Dices que dicen que diciembre trae lo que se va.
Diez desde marzo, aquí cuenta el invierno.
Desde el sur se enciende el cenit, se apaga la luz.
Diciembre es doce sin embargo…
Los once apóstoles de este año han tenido su reinado.
Inicia el corolario…

Festividad,
saudades, morriñas,
brindis,
son de cristales,
alguna lágrima,
y todo recomienza en el anillo eterno.

Sucediéndose, secundándose,
como soldados del tiempo,
van los meses desfilando. 
Jano, Dios de las Puertas, encabeza,
Décimo, (extraña cuenta),   
con campanadas despide
sin alterar la rueda.

Dixi

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Espera Incierta

Sentada en la hamaca
con las piernitas colgando
cuando aún no tocan el suelo,
y el alma ya en espera.
Espera incierta de un sueño llegando,
espera incierta de una imagen acercándose.
Un príncipe azul en dos ruedas,
él príncipe azul de la espera.

Pasan los años, los pies ya tocan al suelo,
y a veces duelen del cansancio
propio y ajeno de andar la vida.
Ni la hamaca, ni el suelo,
sólo queda la espera.
Saudades de lo que no llega,
angustia de pensarlo, tal vez, en otra vida,
miedo de inutilidades pleno.
El corazón siempre lleno de espera.

Espera llega de esperanza,
esperanza de que por fin sea.

                                                                                  Para Miriam, que aún espera.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El Gran Espíritu

Hemos llamado al Gran Espíritu una y otra vez
desde que la historia recuerda.
Levantamos altares, tallamos sus formas,
nos hincamos reverentes.
Esperamos ansiosos y temerosos sus señales.
Millones de seres clamando por sus favores a diario.

Él, callado y paciente, nuestro cuerpo contiene.
Sonríe en el eco de nuestros rezos,
con la ternura propia de un mayor amoroso.
Extiende las alas, protector, sobre nuestras penas y nos susurra al oído su dulce canción
hasta despertarnos a la verdad…Su libertad.


martes, 1 de noviembre de 2011

¿Dónde? (Participacion en el concurso Los Jardines Secretos de Marina de Cudeyo-Cantabria)

¿Dónde se fueron las enredaderas de entonces? Acaso, pasionarias, madreselvas, se escondieron para morir bajo las aceras.
Tilos, eucaliptos, manzanillas, cedieron sus espacios a grandes árboles de cemento.
¿Y los jazmines de los patios?, ¿y los rosales?, ¿y las alegrías?
Higueras muertas, naranjos salvajes sin flor, huyeron tras los sauces (los que lloran y los que no).
Carreteras y autopistas todo lo cubrieron, con sus lánguidos ramajes grisáceos…
Las ciudades se despoblaron de aromas y colores.
Deambulan perdidos los pájaros por copas de cristal y ladrillo.
Sin embargo aún hay esperanza...
Porque por las tardes, cuando el sol se apaga tras el horizonte, nos alcanzan dulces aromas desde algún lugar escondido....
Dicen que vienen de un mundo donde habitan las flores perdidas…
Del  Reino de los Jardines Secretos.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL TELONERO


Estaba detenida en un semáforo observando con vista perdida unas palomas que despedazaban angurrientas los restos de una porción de pizza, cuando la patente de un auto se iluminó ante mí. Al tratar de verla bien se perdió en el tránsito, bastante pesado a esa hora del mediodía. El semáforo había cambiado y yo en Babia.
Aceleré para emparejarlo. El color coincidía y el modelo, a pesar de mi ignorancia al respecto, me pareció que también. Pero la patente no podía ser…
Ese auto lo tenía mi hijo a 2000 kilómetros de distancia. Salvo que hubiera venido de sorpresa. La idea me entusiasmó.
Cuatro cuadras después lo divisé unos coches más adelante.
El siguiente semáforo nos detuvo a poca distancia uno de otro.
Verifiqué la patente: era la misma sin duda. El auto también, pero al volante, escondida tras el apoya cabeza, donde hubiera dado bastante por adivinar los rulos de mi hijo, parecía estar la melena de una mujer. Decididamente no eran rulos.
Quería bajarme e ir caminando, pero era una locura en ese tránsito. Además si no era mi hijo tenía que ser un auto “mellizo”, de esos que roban, les copian la patente y los papeles de otro legal para poder usarlos por la calle. Entonces sería peligroso increparlo.
El asunto me intrigaba soberanamente.
Arrancamos y era tal la congestión que no podía acercarme. Me di cuenta que estábamos llegando a mi calle, pero sentí la necesidad de seguirlo solo unas cuadras más para ver si lo alcanzaba.
En el siguiente semáforo volvimos a quedar con un par de autos en el medio, pero el nuevo ángulo me dejaba ver un poco más. Si, decididamente era una mujer. Tenía el cabello largo con reflejos o claro. El color en realidad se parecía al mío, así como el largo.
Avanzamos y me decidí a hacer una maniobra medio brusca. Los bocinazos llamaron su atención y giró apenas hacía atrás.
¡Noooo!, ¡no podía ser!, ¡de ninguna manera!, ¡bajo ningún concepto!… Quedé shockeada.
¡Acababa de ver mi cara en la de ella!.
No se si frené, aceleré o le inventé un pedal más al auto… me insultaron en cuatro idiomas, pero qué puedo decir, nada me rescataba de esa imagen. Ahora sí tenía que alcanzarla a como diera lugar.
Con el lío que armé ella logró escaparse más de cien metros. Tenía que remontar esa distancia así que aceleré…
En la esquina dobló. Esa era “mi” esquina, “mi” calle, la de “mi” casa.
Pero dentro del barullo mental supe que en la siguiente nos encontraríamos en el semáforo.
Así fue.
Quedamos un auto pegado al otro. Una al lado de la otra. Era yo sin duda.
Me miré pero no me reconocí, como si no existiera…
Llevaba una blusa que había usado el año anterior pero me veía igual.
Yo me miraba desde la otra ventanilla sin verme.
A mí me temblaban las piernas (a ella no se), no me atrevía a bajarme como hubiera debido hacer para preguntarle algo, pero ¿qué?, ¿qué se le puede preguntar a una en esas circunstancias?, especialmente cuando “una” ni nos registra. La verdad es que no pude reaccionar. La inmovilidad de la sorpresa y la inverosimilitud de la situación me impedían hacer cualquier cosa… había quedado congelada mirándome…tratando de entender…
Ella finalmente arrancó, pero una milésima de segundo antes me esbozó una sonrisa, una de esas sonrisas que suelo poner cuando me debato entre la ironía y la picardía. La vi  y la sentí en los labios, en los dientes, en los pómulos, en el alma.
Luego dobló, abrió el portón del garage con “mi” comando y entró.
Esta parte de mi que relata siguió con el semáforo en verde hasta que alguien que, obviamente, nunca se había encontrado con si mismo, insistió a bocinazo puro para que saliera del embrujo. Doblé, alcancé el portón aún abierto y cuando ya discutía mentalmente a cual de las dos le correspondía la única cochera, advertí que no estaba.
Se había esfumado, desmaterializado cuando desapareció de mi vista.
Seguramente alcanzó a dar vuelta a ese fino telón que divide las dimensiones temporales.
Sin duda el telonero se había distraído.
El mismo lugar y la misma hora habían sido el escenario.
Una y otra vez lo recorro buscándome, aun así se que no me volveré a ver, pura y exclusivamente por esta sensación ficticia de integridad que nos mantiene cuerdos.
  


martes, 11 de octubre de 2011

SUEÑOS BUSCADOS (cuento)

Tal como cualquiera puede cazar mariposas, con una simple red y un par de frascos en el bolsillo, él encontraba sueños perdidos.
La gente no tiene la menor idea con la facilidad y la inconciencia con la que anda perdiendo sus sueños por ahí.
Medio despistados por estar sueltos, en general, después de haber permanecido mucho tiempo en algún recóndito lugar, suelen caer fácilmente en las redes de este coleccionista que incapaz de tener los propios guarda los ajenos.
Finalmente son sueños que nacieron con destino de incumplirse. De lo contrario no andarían así flacuchos, perdidos por las esquinas del mundo, sin fuerza siquiera para remontar vuelo.
Sueños de pobre…
Como hijos nonatos, algunos abortados sin querer y otros porque no hay más remedio… no se pueden alimentar tantos a la vez.
El los guarda en pequeños frascos trasparentes sin etiquetar y los apila en estanterías poco iluminadas, ya que descubrió que la luz los hace crecer y eso de andar cambiándolos a envases más grandes era todo un problema.
Algunos frascos parecen vacíos pero si uno observa bien puede ver que sobre el fondo, como seca figurina de gelatina, descansa el sueño.
Personalmente le participé mi preocupación, ya que en mi infancia había mariposas por doquier y de tanto que las cazaron hoy en día es muy difícil ver alguna, entonces ¿pasará lo mismo con los sueños?.
El me dijo que en realidad en los últimos tiempos le ha resultado cada vez más fácil conseguirlos, si bien son más pequeños y grisáceos.
Me confesó que soñaba –vaya la ironía- con encontrar uno a todo color, el más grande y luminoso que hubiera visto jamás, pero que como iban las cosas cada día que pasaba parecía más improbable.
-¿Sabés que los sueños tienen ADN? me preguntó entusiasmado con voz de experto.
La verdad es que no tenía ni idea y así se lo dije.
-Técnicamente yo no robo, porque la gente los pierde, pero si alguien quisiera recuperarlos podría saber cual es el suyo con una simple prueba. ¿Querés ver?
Yo me imaginaba una prueba de laboratorio sobre la sangre pero ¿los sueños tienen sangre? Se rió y me llevó hasta una de las estanterías. Me hizo parar frente a una línea y de pronto un frasco se iluminó, como si alguien hubiera encendido una lamparita dentro de la misma botella. ¡Ah! ¿Qué fue eso?.
-Eso es que reconoció el ADN, el tuyo. Lo remarcó por si yo no había entendido.
Se me apretó el pecho. La verdad es que no lo reconocí, pero inspiraba mucha tristeza por opaco y pequeño, fuera de quien fuese. Me corrí hacia un lado, él se apagó y ningún otro se encendió, seguí un poco más a la derecha y nada. Volví y se encendió nuevamente. Me acerqué para observarlo y se iluminó un poco más.
Tenía una extraña forma, poco y nada de color y observarlo intensificaba mi sensación de ahogo, pero mi memoria me fallaba. ¿Qué sueño era ese, que no podía identificarlo?
El experto salió al cruce. Me explicó que debía tener unos veinte años, que los que tienen esa forma suelen relacionarse con el viajar…
Viajar… si, alguna vez me había gustado la idea de conocer un par de lugares…
Pareció que el sueño se hubiera puesto de pie, aunque no estoy muy segura. Algo en él cambió.
-¿Dentro de tus sueños de hoy no cabrá este?
- Viajar hoy, no se, lo que pasa es que no puedo por el trabajo, la plata, que se yo, tengo tantas otras prioridades…
-Mira, si vos querés te lo devuelvo, total tengo tantos, y además en poco tiempo no quedará nada de él.
 - No, mejor no – Volvió a encogerse, aunque seguía con luz.
- Como quieras…

Me alejé un poco triste dándole un último vistazo a eso que quedó como…como quién se está muriendo otra vez… pero yo que iba a hacer con un sueño de esos a esta altura. Tengo muchas cosas serias en que pensar…